¿Por qué un abrazo entre dos hombres sigue generando tanta discusión?
A propósito del abrazo y las muestras de afecto entre Ferrán Torres y Marcos Llorente, futbolistas de la selección española.
En los últimos días, una imagen de dos futbolistas de la selección española abrazándose y mostrando cariño ha inundado las redes sociales. Para algunos fue simplemente una muestra de amistad; para otros, motivo de bromas, memes, comentarios despectivos e incluso expresiones de homofobia disfrazadas de humor.
A partir de esas imágenes me quedé pensando en algo. Honestamente no me llamó la atención el abrazo entre ambos futbolistas. Me llamó la atención que un abrazo siga generando tanta discusión.
Porque la verdadera pregunta no es por qué dos hombres se abrazan. La verdadera pregunta es ¿qué hace que un gesto tan cotidiano de afecto despierte tantas bromas, burlas, incomodidad e incluso reacciones homofóbicas?
Como psicólogo, creo que esta conversación va mucho más allá del fútbol. Nos invita a reflexionar sobre la forma en que muchos hombres hemos aprendido a relacionarnos con nuestras emociones y con quienes más queremos.
Desde pequeños escuchamos frases como “los hombres no lloran”, “pórtate como hombre”, “no seas tan sensible” o “aguántate, no seas mariquita”. Sin darnos cuenta, muchos crecemos aprendiendo que expresar afecto, llorar, abrazar o mostrar vulnerabilidad puede interpretarse como una señal de debilidad o, peor aún, como algo que pone en duda nuestra masculinidad.
Con el tiempo aprendemos a competir, a trabajar duro, a resolver problemas y a sostener responsabilidades. Pero pocas veces aprendemos algo igual de importante: cómo expresar lo que sentimos, cómo pedir ayuda o cómo construir vínculos donde podamos sentirnos seguros siendo nosotros mismos.
Y eso tiene un costo. No porque los hombres sintamos menos, sentimos igual que cualquier otra persona. El problema es que muchos crecemos creyendo que hay emociones que es mejor callar y muestras de afecto que es mejor evitar para no ser juzgados.
Paradójicamente, sabemos que las relaciones cercanas, el apoyo emocional y la posibilidad de expresar nuestras emociones son algunos de los principales factores protectores de la salud mental. Hablar de lo que sentimos, sentirnos comprendidos y contar con personas en quienes confiar disminuye el impacto del estrés, fortalece la resiliencia y protege frente a problemas como la ansiedad, la depresión o la soledad.
Sin embargo, cuando el afecto entre hombres sigue siendo objeto de burla, el mensaje que muchos niños y adolescentes reciben es claro: es más seguro esconder lo que sientes que expresarlo. Y ese aprendizaje no desaparece con los años.
Con el pasar del tiempo se convierten en hombres que no saben pedir ayuda. En amigos que nunca se dicen cuánto se aprecian. En padres que crecieron creyendo que demostrar cariño era una señal de debilidad. En personas que atraviesan momentos muy difíciles convencidas de que deben resolverlos solas.
Por eso, un abrazo entre amigos no debería sorprendernos. Tampoco el poder decir “te quiero”, “gracias”, “te extraño” o “necesito ayuda”.
Quizá ha llegado el momento de dejar de cuestionar el afecto y empezar a cuestionar las creencias que nos impiden expresarlo. Porque la forma en que los hombres aprendemos a expresar (o a reprimir) nuestras emociones no solo define nuestras relaciones. También define nuestra salud mental.
Creo que la verdadera fortaleza, tanto en los hombres como en cualquier ser humano, no está en esconder lo que sentimos ni en convencernos de que siempre podemos con todo. La verdadera fortaleza radica en tener la seguridad para vivir nuestras emociones, compartirlas con quienes queremos y construir relaciones donde podamos ser auténticos, sin miedo a ser juzgados.
Quizá el problema nunca fue el abrazo. Quizá el problema es que todavía vivimos en una cultura donde el afecto entre hombres sigue siendo motivo de burla, sospecha o cuestionamiento. Y mientras eso no cambie, muchos hombres seguirán creyendo que es más seguro esconder lo que sienten; y ese silencio pasa factura: más soledad, más aislamiento emocional y más dificultad para pedir ayuda cuando más la necesitan.
Ojalá llegue el día en que un abrazo entre dos amigos deje de generar tanta polémica y simplemente nos recuerde algo profundamente humano: todos necesitamos sentirnos queridos, acompañados y seguros para expresar lo que sentimos. Porque el afecto nunca ha sido el problema, el problema es que todavía nos enseñan a sentir miedo de expresarlo.